viernes, 11 de noviembre de 2011

La imposibilidad de la trasmisión del psicoanálisis, como ejemplo el caso clínico. Psic. Daniel Olvera Villaseñor

Del Seminario "Construcción de caso en psicoanálisis" (junio 2011) Ensayo final

“Si queremos que el análisis se sostenga en pie es esencial remontarse a este origen” Lacan

Basta con el deseo de trasmitir para buscar una y mil formas de hacerlo, pero como todo deseo solo es bordeado, nunca satisfecho.

Con la alucinante idea de trasmitir abordaré en estas líneas algo paradójico: trasmitir lo que me fue trasmitido del saber psicoanalítico mediante el caso clínico.
Se ha hablado del psicoanálisis como algo mas allá de la ciencia, incluso ya Lacan hacía la comparación entre una religión y su resultante la iglesia. La trasmisión es el común dominador de estas doctrinas (ciencia, religión y psicoanálisis). Por un lado la ciencia cuenta, entre otras formas, con la mera transmisión de las fórmulas y la repetición de los mismos experimentos que las verifican. La religión por su parte solicita, a forma de compulsión, la repetición de oraciones, practicas que han perdurado a través de los tiempos mediante mitos y ritos, además de éstos, el psicoanálisis ha dispuesto de la elaboración de casos clínicos como uno de los principales ejes de la trasmisión. A decir verdad no parece que sea la única cosa que mantienen en común, es imposible pensar en trasmisión de cualquier disciplina sin sumar en la operación la figura del maestro a quien le corresponde el legado del padre; en el psicoanálisis quién más que Freud para ocupar este lugar. Se apropia de una forma de divulgar su saber sobre el inconsciente, los casos clínicos.
Cuando se ha hablado o escrito sobre los casos clínicos de Freud los autores abordan algo puntualmente relevante relacionado al contexto histórico; haciendo referencia no únicamente al segmento cronológico en el que se gesta el psicoanálisis, sino a los eventos particulares de la vida de Freud que cumplieron un papel fundamental para el armado y desarmado de esta metapsicologia, un eslabón que empalmó la práctica y la teoría. Y es que en su afán de mostrar lo que había encontrado en otros sujetos no dejó de imprimirle las marcas de su subjetividad.
La relevancia radica en que Freud edifica su teoría sobre los pilares de la literatura. Estos argumentos precipitan a pensar en psicoanálisis no como ciencia “formal”, sino más cercano al tema de las “artes”, de entrada no hay objeto de estudio, sino un sujeto analizante con otro sujeto analizado ambos en trasferencia. Es cierto que al articular lo que hoy conocemos como Psicoanálisis Freud intentó insertar su saber como verdad, es decir, hacerlo ciencia para gozar del reconocimiento y el consenso que conlleva. Sin embargo no es desconocido que en escritos posteriores se aleja de ese punto y encaminan su estudio “al caso por caso” de lo cuantitativo a lo cualitativo, negándose a los andares de la ciencia, claro está, sin abandonar del todo la generalización.
¿Y el caso por caso no se acerca a la arte-sanía? La respuesta de tal cuestión es oportuna y necesaria. La diferencia reside en que la artesanía, como hoy la conocemos, parte de la idea de llegar a un producto, a una meta; desde el inicio del “proceso” existe en la mente del artesano un acabado al que a través de su mano se debe llegar sin dejar tanto margen a la espontaneidad y por lo tanto a la creatividad, quizá la pieza que trasciende no es igual a las otras muchas piezas, no obstante es lo que se pretende. En el arte como en el psicoanálisis la técnica no espera nada sino la construcción creativa, que dicho sea de paso se torna interminable para el analizante. Una obra artística nada tiene que ver con la seriación, la obra se aprecia como única. Al tomar la diferencia más vulgar entre arte y artesanía parece que sopesa para el arte la puesta en marcha de pensamientos y sentimientos que redundando asocio a la regla fundamental (libre asociación) y a la trasferencia.
Siguiendo con los anteriores postulados (concebir al psicoanálisis en los terrenos del arte) vienen al caso las siguientes preguntas:
¿Se puede hablar de psicoanálisis como una arte, no en el términos de técnica, mas bien en el sentido que se le daba en la edad media a este quehacer humano (artes liberales)?, esta pregunta, que para Lacan es una afirmación, da lugar a las siguientes: ¿quizás los estudios de la histeria de Freud se asemejan a lo que hizo Bretón con el Manifiesto Surrealista?, ¿Es trasmisible el Arte?...
Los clásicos textos de Freud y de Bretón, cada quien por su parte y en su tiempo, irrumpieron para fundar y marcar las directrices de sus movimientos, en Estudios de la Histeria empezaba a trazar las aproximaciones teóricas y prácticas del quehacer psicoanalítico, (avatares sexuales relacionados al malestar psíquico, y la más importante: la cura a través de la palabra). El manifiesto surrealista despliega la importancia de la imaginación y de los sueño no sin prescindir de la influencia del psicoanálisis. Traducido en pocas palabras al abandono de lo que se venía haciendo en sus campos.
En los primeros años la teoría freudiana no tuvo tanto auge sin embargo al paso del tiempo fue tomando fuerza, en todo caso un ejemplo es cómo Bretón recalca la importancia del psicoanálisis para su escrito de 1920. Para cerrar este punto de similitudes bastará con mencionar que la expansión de cada una de estas aproximaciones subjetivas se debe en gran medida a dichos escritos.
Entrando en el tema de la trasmisión psicoanalítica hay que mencionar que cruza con el mismo problema con el que tropieza la clínica; proceder de lo simbólico a lo real. Es en ese tránsito donde se pierde algo, se interfiere la trasmisión, se tergiversa la palabra y se hace presente lo incomunicable. Desde el momento en que se muestra el caso clínico metafóricamente a una fotografía, ya que la imagen cautiva ahí trata de informar (al igual que el caso) de un complejo de realidad, que no es más que un corte dictado por el tiempo, imagen que a fin de cuentas se perdió tras apretar el botón de la cámara. Y es que eso que es real escapa a toda simbolización, por ello lo real se define como lo imposible de expresar en tanto que lo real es lo imposible.
Pareciera que construir un caso clínico es una falacia, tan falaz como la imagen… pretende lo inalcanzable, no obstante la estructura como sustancia del sujeto cuenta con algo o mucho que podría acercarnos alegóricamente al señuelo del tratamiento, el síntoma.
El síntoma opera en lo simbólico pero no proviene de allí, emana de lo real del sujeto, es la columna vertebral del caso clínico y vértice del tratamiento, funge de guía al analista a la hora de escribir en la hoja con la intención de desenmarañar para si y para otros un saber inconsciente. Tomar el síntoma de referencia disminuye lo que ya de por si es inevitable, la pérdida.

La trasferencia es ineludible en cualquiera de las vicisitudes psicoanalíticas, así que se tratará este punto brevemente. La trasferencia es “el motor de la cura” y de la construcción del caso. Tan sólo la pregunta del por qué hablar, escribir o presentar este caso y no otro ya dice algo del analista, no por nada se tiene tan “humilde” y “desinteresada” intención. Se pone en juego el horror al acto del analista que engarza la trasferencia con la práctica clínica.
El caso clínico pone de frente al analista con su real, con la falta. No se nos olvide que la palabra es mitad de quien la dice y mitad de quien la escucha, por lo tanto el escrito deriva a un testimonio compartido.
¿Entonces qué tiene de objetivo el caso clínico?, el caso clínico no tiene nada de objetivo y mucho menos de verdad, ¿para qué tratar de pertenecer a algo que tiene estructura de ficción?
Para cerrar el escrito quiero mencionar una anécdota que hace alusión a lo que desee trasmitir a lo largo de este escrito: en un reporte me percate que había escrito de mí en la nota de una paciente por lo que le comente a mi supervisor, a lo que puntualmente señalo. “Estaría perdido si piensa que eso no le pasa siempre”.
En resumidas cuentas y salvo alguien que tenga mejor opinión el caso clínico en psicoanálisis, la supervisión y sus derivados autorizan la teoría, pero principalmente cuestionan y refrendan la existencia del inconsciente, es la dialéctica de la práctica y la teoría.

(15) J. Lacan, El seminario, Libro XI, "Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis", Ed. Paidos, página 273
(15) J. Lacan, El seminario, Libro XI, "Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis", Ed. Paidos, página 273
25) J. Lacan, El seminario, Libro XI, "Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis", Ed. Paidos, página 20

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